¡Silencio!, la Autoridad ha llegado.

Silencio

¿Es el silencio símbolo de respeto o de sumisión, abandono, desidia….?

¿Es el silencio símbolo de orden y tranquilidad o de aburrimiento?

¿Es el silencio necesario para gobernar y dirigir el mundo, el colegio, el centro de salud, la familia, la vida…?

¿Es el silencio lo contrario al grito? ¿Se puede gritar en silencio?

Podría seguir preguntándome y seguro que vosotros también.

Está claro que no, que no nos podemos callar ante la cantidad de «tonterias» que se están poniendo en boca de los docentes durante la última semana, todos ellos referidos a la Autoridad.

Pero ¿a qué autoridad? Anibal nos muestra diferentes tipos para que cada uno se decante por el concepto que quiere.

Lourdes Barroso se pregunta ¿autoridades o educadores?

¿Autoridades o educadores? En un intento por resolver esta pregunta, leo  otro artículo «El concepto de autoridad» donde se dice la clave: «He visto ganarse autoridad con emociones, con acercamiento cordial y real, a alumnos especialmente difíciles» ¡Y lo ha visto, lo ha llevado a la práctica y tenido resultados en un entorno ciertamente complicado! ¡Y ha sabido sacar lo mejor!

Ahí está la clave, no en subirse a una tarima, ni que te saluden de pie, ni que todo se «controle y aviste desde arriba» y por supuesto en «silencio». Se trata de ver la realidad de la escuela, de la calle, de la vidad e integrarla en la educación y transformar la institución educativa en un «patio» abierto al diálogo y al «ruido social».

La primera norma de una clase no puede ser entrar y sentarse en silencio, según nos transcribía Juanma Diaz.

La autoridad reclamada por los docentes no es el silencio y la sumisión absoluta. No olvidemos que pretendemos formar en nuestro alumnado un espíritu crítico y eso no se puede hacer en silencio, ¡hay que hablarlo, discutirlo, compartirlo! Ahora bien, con un elemento indispensable ¡¡el respeto!! Esa debería ser la primera línea en un ROF, en unas normas de clase, en …¡una vida!: Hay que respetar a todo el mundo.

¿Y no es desde estos sectores en los que se nos quiere subir a una tarima, darnos un rango de Autoridad Pública, desde los mismos que se alienta a «objetar» a la asignatura de Ciudadanía? Una asignatura que tiene por finalidad formar buenos ciudadanos con espíritu crítico y no «borregos adoctrinados» para callar y obedecer.

En las aulas de Primaria, nuestro alumnado nos agrede diariamente y acosa con su cariño y ganas de aprender. ¡Demosles lo que piden!

En Secundaria hay casos graves y serios, que la TV y los medios,  se encarga de mostrarnos repetidamente, ¡eduquemos como dice Juanjo con emociones, con acercamiento cordial y real!

¿Las familias nos agreden? ¿No fueron ellas las generaciones educadas desde la tarima y el «adoctrinamiento? ¡No nos excusemos en que no nos apoyan, integrémoslas en la «Nueva Escuela» pidámosles responsabilidades de carácter integrador con respecto a la escuela. Responsabilidades, contratos, compromisos de colaboración,…¡cualquier fórmula!, que la relación familia-escuela no sea una tutoria trimestral para contarte lo mal que se porta su hijo/a.

Yo no reclamo Autoridad, yo sólo pido RESPETO  a ideas, valores, comportamientos, modelos sociales, morales…¡y desde el suelo!

FOTO: Sergio, ¡duerme tranquilo, que vamos a arreglar el mundo entre tod@s para cuando despiertes!

15 pensamientos en “¡Silencio!, la Autoridad ha llegado.

  1. Unas reflexiones muy acertadas. No se trata de autoridades ni de autoritarismos. Para mí, que llevo 30 años de enseñante, la clave está también en el RESPETO, el respeto mutuo entre todas las partes afectadas o interesadas: padres, madres, enseñantes, alumn@s, y (ahora sí) autoridades de la enseñanza …

  2. Creo que las normas de clase deben confeccionarse en grupo y deben permanecer siempre visibles y accesibles. Esas mismas normas deben especificar las consecuencias que conlleva su incumplimiento pero también su cumplimiento.

    La autoridad de un profe o se la da el grupo o se la da el cargo. Cada uno puedo elegir 😉

    Buena reflexión, María

  3. ¿A qué tonterías te refieres? ¿A las que no coinciden con lo que tú piensas al respecto?

    Supongo que tendrás que ser tú la primera que respete a la gente que no piensa como tú, que no quiere educación para la ciudadanía y tampoco religión, que considera que la educación requiere momentos de silencio, que organizar la clase en U tiene ventajas, que seguir usando la pizarra sirve para algo, etc.
    Todos tienen sus argumentos y son igualmente respetables. ¿No te parece?

    ¿Es qué en vuestro ROF no habláis del respeto?

    Hablas de ver la realidad de la escuela:

    ¿No ves que los alumnos cada vez tienen más claro que pueden hacer lo que les de la gana sabiendo que la ley los ampara y que nadie les puede hacer absolutamente nada?

    ¿No ves que nuestro trabajo y profesionalidad son cuestionados por todos lados?

    ¿No ves que hay padres que vienen exigiendo de malos modos, amenazando e incluso agrediendo?

    Comentas «¿Las familias nos agreden? ¿No fueron ellas las generaciones educadas desde la tarima y el “adoctrinamiento?»

    Me temo que andas un poco perdida y das la impresión de que para colmo los docentes somos los culpables de la situación.

    Un saludo.

  4. Abraxas, me encantaría responder a todo lo que argumentas, porque yo respeto a todo el mundo.
    Bueno a casi todo el mundo. Sólo me merece poco respeto quien opina sin firmar y se esconde de sus propios principios sin ser capaz de decir quien es en la vida real.

  5. Bien María. Bien.
    Pasaba por aquí y no iba a comentar nada, solo iba a «twittear» esta historia, pero… me encontré con el comentario de Abraxas.
    Solo una cosa para calmar o remover conciencias.
    Claro que todos los argumentos son respetables. Sobre todo si se hacen desde el respeto, pero…y espero esto sea respetable, es difícil mantener una escuela en el siglo XXI con ademanes y estilos del XIX. Todo cambió y también nosotros debemos adaptarnos. Desde aquí y por lo tanto expreso mi cariño y simpatía por las tarimas…eso si flotantes, al mismo nivel y para todas las aulas. Y saludos a Abraxas, y que tenga suerte con sus pensamientos.

  6. Bueno pues yo respondo a Abraxas porque veo que tú no lo haces María. Y desde el respeto y admiración que te tengo como profesora te cuento que somos los hijos perdidos de la democracia; personas con 30-40-50 años pero con cerebros de chiquillos de 15 con miedo a corregir a nuestros hijos y alumnos, reprimidos, colegas de ellos. Somos unos torpes y ellos se han dado cuenta; dentro de poco nos echarán de casa y mientras nosotros discutimos si en clase debe haber silencio o no. Somos tan torpes que confundimos autoridad, respeto, etc. con debates insulsos y estériles. El nivel educativo dentro y fuera de las aulas es delirante y cuando a un gobernante se le ocurren medidas para defender al profesorado nosotros le tachamos de facha o del sigo XIX. Mientras tanto algún día nos partirán la cara pero no lo confesaremos porque nos habremos convertido en la parodia de nosotros mismos.

  7. Una cosa es una cosa y otra es otra y no conviene mezclarlas por lo menos al argumentar. Vamos a ver, que el respeto debe ser mutuo, que empieza por parte de los profesores, que el silencio a veces es signo de temor o de imposición, que las tarimas son para que se vea la pizarra… Todo eso es algo que casi nadie discute, como mucho se podrá matizar. Es obvio. Aqui de lo que se trata es de cambiar una ley, y una ley intenta cubrir casos generales, incluso los que se salen de lo esperado y consensuado por la mayoría, y a mi me parece que el que los profesores sean declarados autoridad podría en algunas circunstancias penosas o extremas protegerles, podría incluso prestigiarles -seguro que poco, pero bueno menos es nada-. Seguro que no valdrá para decir que ya está solucionado el problema de la falta de respeto, evidentemente no es la solución -ni siquiera con minúsculas- y ya sé cuál es el uso que le dan los políticos que impulsan esas medidas -es vergonzosa la falta de respeto que tienen en la pelea política-, pero tampoco seamos maximalistas…
    Además, las respuestas que he leído me han parecido bienintencionadas pero pecan de demasiado «buenrrollismo» excepto el de Abraxas que parece un poco «abrasado», quizá por alguna situación irrespetuosa que habrá aguantado. Y aunque sólo sea por compensar… mejor si no somos tan guais y también vemos el lado oscuro.

  8. No deja de sorprenderme que alguien pueda pensar que esto va a solucionar algún problema, tengo la impresión de que más bien puede agravarlos. A los chic@s les va a dar igual si nos nombran «autoridades» o «archipámpanos de indias», se van a comportar como venga siendo habitual en ell@s, eso no les va a hacer cambiar.

    Francamente, todo esto resultaría mucho más creíble y bienintencionado, si al mismo tiempo sacaran una ley que prohibiera cualquier comportamiento agresivo en las gradas de los estadios, propongo que también los futbolistas -y sus madres-, sean nombrados «autoridades públicas». 😉

  9. María:

    Supongo que el haberme tomado la molestia de leer tu ‘artículo’ y hacer un comentario debería bastarte. Pero vamos, eres libre de contestar o comentar lo que quieras.

    Martín Núñez:

    Estoy de acuerdo contigo en que no podemos seguir manteniendo una escuela en pleno siglo XXI con herramientas del siglo XIX. Pero ese sería otro debate. De todos modos, bajo mi punto de vista, uno tiene que quedarse sólo con lo mejor de cada época. No sé porqué todo lo que está relacionado con autoridad suena a retrogrado y parece que da miedo incluso usar el término.
    Y no me parece que potenciar la autoridad perdida del maestro sea un ademán del siglo XIX. Por desgracia, es un debate que surge en pleno siglo XXI.

    Me ha gustado mucho tu reflexión Carlos.

    Un saludo.

  10. Pienso que cada momento tiene sus circunstancias, las circunstancias de cuando nosotros estudiabamos la EGB no es la misma que la que vivimos en los momentos actuales. Los valores de respeto al profesor, a las personas mayores, al desvalido, esos valores han desaparecido por completo, ahora reina la ley del más fuerte. Las aulas donde trabajamos tampoco son las aulas de antaño, ahora los alumnos te tratan muchas veces sin ningún tipo de respeto porque es lo que mamán en su casa y si les das unas líneas de comportamiento, de respeto, de tolerancia…. se las pasan por el forro y siguen en su línea. Yo todavía recuerdo cuando iba al cole y el profesor o profesora era una figura a imitar, era una persona sabia de la cual todos eramos como pollitos que ibamos a comer de su conocimiento; hoy en dia el profesor o profesora no es más, a veces, que un bufón del cual nos reimos todos a base de humillaciones y vejaciones. Estoy a favor de la autoridad, de ese rol en el que cada cual, el profesor, tiene su papel de enseñante y el alumno de receptor y constructor de sus propios aprendizajes pero ante todo debe reinar algo, RESPETO.

  11. María, tu artículo roza la utopía tal como está hoy en día el mundo.
    Los valores han dejado de existir e impera la ley del que más puede. No se trata de volver a la tarima ni a los golpes de regla en los nudillos como antaño, se trata de RESPETO, y de un respeto muy muy profundo, lo que ocurre es que los niños de hoy en día no pueden respetar porque no ven ese valor en su propia casa. Entonces tienes dos frentes, educar a los padres y a los niños. ¿tú te ves capaz de hacer eso con buenas palabritas? Los niños de hoy en dia no tienen un buena base en valores porque sus padres no se la han dado, así que… tu me dirás como puede hacerse ahora que los niños se comporten correctamente, si eso sucede no será en esta generación, y puede que te veas muy sola en esta tarea, si solo te sirves de emociones y buen rollo. A veces un golpe en la mesa a tiempo es mucho más efectivo y todos los que hemos nacido en los 60 y 70 lo sabemos y no por ello arrastramos ningun trauma.

  12. Acertadísimas conclusiones María.

    Magnífica exposición y buenísima síntesis la que has hecho de los post de los compañer@s, María. Se nota tu influencia onubense.

    Está claro, los profesores sabemos que el respeto se impone con conocimiento y teniendo a los chic@s motivados. A la fuerza no se consigue nada.

    Nuestros alumn@s son un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Yo mantengo una máxima: los políticos dan volantazos, los profes no tenemos más remedio que ir en la dirección que marquen y los alumn@s, último eslabón de la cadena, cuando deberían ser los primeros, están fatigados de tanto tumbo.

    ¡Dejad al sistema educativo en paz, de una vez por todas! ¡Por favor os lo pedimos!

  13. María, en esencia, comparto tu visión sobre la autoridad, el autoritarismo, el respeto, la educación, las tarimas… A mí la autoridad me la da el cumplir con mi obligación, el ser la primera que cumple las normas que dice a los alumnos y alumnas que también deben cumplir y el que el resto de compañeros y compañeras (incluídos los equipos directivos) también las cumplan.

    Es innegable que existen casos extremos de alumnos y alumnas que no respentan nada ni a nadie, pero generalizar lo que es excepcional me parece injusto y falsificador. Por otra parte, la escuela de hoy no es más que el reflejo de la sociedad que tenemos; si han desaparecido ciertos valores no los han perdido sólo los alumnos/as no seamos hipócritas. En las aulas no hay más que reflejos de los que hay en la sociedad y, por supuesto, los claustros forman parte de esta sociedad.

    Por otra parte, también es verdad que algunos alumnos y alumnas sufren abuso de poder y quién se queja de esto.

    Estoy harta de la actitud retrógrada de unos y de la demagogia de otros. Al final va a ser que tenemos lo que nos merecemos.

    Saludos, Montse

  14. Gracias, muchas gracias María. Desde mi vida actual casi sin un minuto libre, me asomo y te lo gradezco, y vuelvo al trabajo, que nos sale por las orejas.
    Un abrazo.

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