¿”Montar el pollo” o “la paridad”?

Aqui estoy, a viernes por la tarde, con ganas de escribir un post.

Resulta que tengo dos opciones o hablar de paridad o “montar un pollo”. Si bien es verdad que lo que me apetece es “montar un pollo hablando de paridad”, pero me voy a contener.

Nunca he sido favorable a la “paridad”, al menos como se entiende en términos legales o políticos. Tengo clarísima la igualdad entre géneros,  pero no “mitad pa ti, mitad pa mi” ¡¡no!!: Igualdad de oportunidades equivalente a igualdad de recursos, opciones y oportunidades basándonos siempre en la calidad personal, profesional, emocional… etc y no en una catalogación por géneros.

Tú no accedes a un puesto en virtud de ser el mejor hombre o la mejor mujer, sino porque eres la mejor persona, la más adecuada y cualificada para “la cuestión”.

¿Por qué digo todo ésto?

Pues es muy fácil, no entiendo como se da acceso a las mujeres a determinados puestos, para cumplir con la paridad y luego se las utiliza como ¡de aquí “pa trás”!:  ¡mujeres objeto!

Ahora te pongo de portavoz para cumplir con la paridad pero ahora te hacemos unas fotos en plan “mujer-objeto”, que al fin y al cabo era para lo que te queríamos. ¿Ese es el futuro que le prometían a “la niña”?

Evidentemente todas y todos sabéis de que hablo, así que no voy a enlazar a ninguna foto ni a ninguna noticia.

Y yo a lo mío a montar el pollo, mi pollo favorito, aunque no es un pollo ….¡es un pingüino! (las cosas hay que llamarlas como son, para no caer en contradicciones)

10 pensamientos en “¿”Montar el pollo” o “la paridad”?

  1. María, yo creo que el problema de la paridad acabará cuando acabe la desigualdad. Es decir, cuando haya igualdad de oportunidades de verdad. Ciertamente, a mí me molesta que me elijan para algo porque hay que llenar el cupo (en la escuela es al revés, hay poquitos hombres en un trabajo que se considera, aún, muy femenino), pero me molesta más aún que las mujeres sigamos progresando en el trabajo remunerado a costa de nuestro propio pellejo, porque sacamos el tiempo y la energía de nuestro descanso, o bien explotando a otra mujer que nos quita la roña de casa por cuatro duros mal contados.
    El problema de la SSS, es el mismo que el de las ministras PSOE en su día, o que el tema de conversación sea la ropa y el embarazo de la ministra de Defensa: seguimos sin vivir en igualdad. La real, no la del papel. La interiorizada, la que cuesta tanto trabajo, tanto dolor y tanto dejar cosas, egos y gente atrás. Esa igualdad, la que tienes que pelearte sola día a día en el tajo del hogar, no ha llegado aún, aunque de lejos se la vea venir.

  2. ¡Totalmente de acuerdo contigo Lola!
    Al menos parece que ya se la ve venir… ¡aunque sea de lejos! Tardará más o menos en llegar, dependiendo de nuestro esfuerzo y no de leyes absurdas que nos dividan o nos den cuotas de participación.
    Mientras tanto…¡a montar el pollo! (pingüino) 🙂

  3. ¡Qué bien te expresas, María! No me quiero meter en política, ni en el tema de Ministros o ministras o miembros o miembras; sí me gustaría hablar de ese maravilloso Plan de Igualdad que se implantó en los centros hace tres o cuatro añitos (ya ni me acuerdo), sólo sé que en un principio tuvimos que realizar un diágnostico, no sé muy bien para qué, sí la idea era buena, ver de dónde partimos pero no nos dieron los medios para realizarlo y cada cual hizo lo que pudo, allí, aún tengo los resultados de las encuestas que pasé a los padres y madres y al alumnado. Y yo me pregunto: ¿Para qué las hicimos?, el resultado fue lo que ya intuíamos…
    Afortunadamente en mi centro apoyan y colaboran con cualquier iniciativa que les propongo que no son pocas, me paso el curso dando la brasilla con el tema, a lo mejor con el paso de los años el barrio cambia un poco, cuando nuestro alumnado sean los nuevos papás y mamás… Esa esperanza es la que tenemos 😉
    Saludos cordiales,
    Pilar

  4. Lola, suscribo todo lo que dices.

    María, lo de la paridad es una medida provisional pero necesaria mientras se consiga la igualdad real. Por supuesto que lo ideal es elegir a las personas más capacitadas para los puestos que tengan que desempeñar. No obstante, como la mujer no ha sido considerada persona durante muchos siglos (de derecho) y aún hoy hay quienes no la consideran persona (de hecho), es necesario obligar por ley para que la mujer tenga visibillidad. Está claro que si todas/os pensaran como tú y tuvieran interiorizado que los hombres y las mujeres somos personas que merecemos igualdad de oportunidades para llegar a ser desiguales, no necesitaríamos la paridad. Pero como tú no representas lo que realmente hay, lamentablemente, entonces se tiene que exigir por ley que la mujer esté presente. Fíjate si no en una cosa, como dice Pilar en su comentario, nuestro gremio está formado mayoritariamente por mujeres y, sin embargo, ¿quiénes forman los equipos directivos, quiénes son los delegados de educación, quiénes son los consejeros de educación? Si no me equivoco, creo que mayoritariamente son hombres, así que algo pasa ¿no crees?

    Para terminar, sí a la paridad como medida provisional mientras conseguimos la igualdad real (la de puertas para dentro, la igualdad de la vida cotidiana).

    Un saludo, Montse

  5. Hola nenas,
    Yo creo que interiorizar que una vale por el simple hecho de haber nacido no es fácil cuando te dan mensajes negativos desde pequeña: gorda, flaca, tetas, no tetas, etc. Eso es lo esencial a la hora de valorar a una mujer y esto viene de la necesidad ancestral, creada por el hombre que mandaba entonces, de conseguir un marido que te salvara la vida cuando tu padre ya había hecho su parte. Sin marido, ya sabemos lo que era (y aún creemos que es) una mujer.
    Y luego hay “detallitos” que se consideran tontos o salvados y que yo creo que ni de lejos, como que no es lo mismo salir de casa a trabajar pensando sólo en tu trabajo, que hacerlo después de haber hecho dos horas de trabajos domésticos y esperarte otras tantas (con suerte), a la vuelta. La doble o triple jornada laboral es dolorosa a nivel físico y afectivo porque yo me pregunto, ¿te quieren los miembros de tu familia cuando te dejan que cargues sola (o casi) con el trabajo y la organización doméstica?
    Finalmente, creo que mucho de nuestro dolor es culpa de los zapatos de punta y tacón de aguja. ¿Cómo vas a ser feliz si te pones eso al tiempo que intentas estar simpática, relajada y progresar en tu trabajo? Ese instrumento de tortura hay que suprimirlo de las calles. Si acaso, como el tanga (otro castigo para que claudiquemos) y el liguero, reservarlos para ocasiones que podríamos llamar… ¿especiales y divertidas?
    Para ocupar cargos directivos hay que empezar a vivir, por dentro y por fuera, de otra manera. Mientras tanto, hay que aguantarse con la paridad y con que nos tomen el pelo con el lenguaje inclusivo.
    Me enrollé mucho, perdón 😉

  6. Lola, ¡estás sembrá!
    Es cierto como dice Montse y como indicas tú, que la ley de la paridad era necesaria, al menos para que se calienten la cabeza y nos tengan en cuenta, pero creo que mi propuesta es mucho más “de futuro” en lugar de paridad, “personas”.
    Lo tenemos muy difícil, por supuesto. La doble jornada es un “yugo” que pesa sobre nosotras y que tiene difícil solución, tiene una y es la que yo siempre digo:EDUCACIÓN. Cuando nuestros “nenes” o alumnos sean socialmente independientes, si los hemos educado en este mundillo de la colaboración ¡serán personas!
    En cuanto a los tacones, lo siento ¡me encantan! No puedo renunciar a ellos, ¡solo cuando me duelen mucho!
    En ningún momento pienso renunciar a mis tacones, ya que con ellos ocupo un cargo directivo en mi trabajo, con ellos paseo con mi familia, con ellos trabajo en la empresa del “hogar”, de la que no que gustaría ocupar la jefatura del orden, cuídado y limpieza pero…¡estoy aprendiendo a delegar!
    Mis tacones me elevan y no solo el tamaño, (soy de formato mediterráneo), sino también la autoestima 😉

  7. jajaja, me encanta el debateeeee ;)))

    A mí me gustan los tacones (la punta fina no), y las minifaldas, y las botas altas de tacón, más, porque me subo y me creo (ilusa de mí) que soy otra y que soy mejor. Y me encanta que mis niños y los hombres de mi vida me traten como a una reina. Pero no pierdo de vista que eso tiene un coste.
    Claro que puedes dirigir subida en unos tacones, y cosas más difíciles también, hasta correr podemos, estamos hechas para soportar grandes males, ya sabes, pero no hay que perder de vista que un 44 ancho especial plano, debe dar una seguridad de la leche, y eso, te pongas como te pongas, no deja de ser una ventaja, ¿o no?

    Y ahora más en serio, estoy de acuerdo con que la solución es la educación, cuestión que me lleva a estar perpleja ya que la educación en casa y en la escuela está impartida mayoritariamente por mujeres. Y entonces voy y me pregunto, ¿acaso tenemos miedo de perder la corona? ¿somos capaces las propias mujeres de pedir amablemente y, en su caso, exigir, que las cosas que no están bien en nuestra propias vidas pasen a estar bien sin más dilación?
    Yo no sé si estaré en el futuro y no quiero que me lo cuenten, quiero vivirlo en primera persona, dentro de mis posibilidades. Y mis hijos, varones ellos, también. Aquí tengo a uno al lado planchando mientras su madre debate para cambiar el mundo, y mola.
    Vuelta a enrollarme y es que me gusta hablar con mujeres inteligentes :)))

  8. Chicas, compartimos muchas cosas, pero insisto – aún a riesgo de ser pesada- el debate no está entre nosotras, nosotras estamos de acuerdo más allá de que una quiera o no usar tacones (entre otras cosas porque sabe decidir qué quiere). El debate hay que abrirlo, lamentablemente creo que no representamos a la mayoría de las mujeres de este país, ni siquiera de los claustros de profesoras y del mundo ya ni te cuento.

    Un saludo a ambas. Montse

  9. Casi de acuerdo Montse, pero entre nosotras sí que hay debate, apenas estamos empezando a tener las cosas claras y yo al menos me hago un lío a veces entre mi femineidad y mis reivindicaciones, y no puedo evitar ser incoherente a veces porque estoy aprendiendo a caminar sola y eso me lleva inevitablemente a caerme y meter la pata de vez en cuando. Mis iguales me ayudan a ver mis errores.
    La ley de Igualdad me respalda, pero mi libertad personal sólo depende de mí.
    Gracias guapas 😉

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