Romper un sexto para castigar un primero: el sinsentido de la nueva dirección
En las últimas semanas he compartido con vosotros el dolor y el desconcierto que supuso que me apartaran de «mi quinto». Sin embargo, a medida que avanzan los días y se asientan las informaciones, resulta imprescindible mirar la fotografía completa.
Comienza su mandato un nuevo equipo directivo tras un proceso de selección complejo, especialmente para quienes formamos parte activa o apoyamos proyectos anteriores. En este escenario, la supuesta «queja familiar» esgrimida para romper la tutoría de mi grupo empieza a evidenciarse como lo que realmente parece: una excusa de conveniencia para apartarme y aplicar un castigo a trayectorias previas de gestión.
Los propios hechos y su cronología desmienten la solidez de ese relato:
- La reunión con las familias y sus llamativas circunstancias: Tras constatar los múltiples apoyos recibidos por diversas vías para que continuara al frente del grupo, el equipo directivo convocó a las familias el día 3 de septiembre a las 21:00 horas para una reunión al día siguiente, 4 de septiembre, a las 13:00 horas. Casualmente, se había «invitado» a todo el claustro a solicitar los días 4 y 7 como jornadas de libre disposición; por tanto, ni yo como tutora saliente ni la nueva tutora estábamos en el centro ni, por supuesto, fuimos convocadas. En ese encuentro sin las docentes implicadas, la supuesta queja se mencionó apenas de pasada y el argumento viró de inmediato hacia presuntos problemas organizativos con el bilingüismo.
- La inexistencia de registros ante la administración: No pongo en duda que en el centro pueda existir o haberse tramitado algún documento a nivel interno; sin embargo, tras consultar formalmente con la inspección educativa, se confirmó que ante la inspección no consta absolutamente nada y que durante todo el verano no se interpuso reclamación formal alguna. Una supuesta queja que, dicho sea de paso, jamás he tenido la oportunidad de ver ni de conocer en sus términos.
- El sinsentido pedagógico de la asignación: En este reparto se me asigna una tutoría de 1.º de Primaria, un nivel de inicio de ciclo vital para el alumnado. Nuestro propio Plan de Centro establece y prioriza que en estos cursos se garantice la continuidad tutor/a de ciclo y, por ello, siempre que es posible se asigna a profesorado definitivo. El equipo directivo es plenamente consciente de que este es mi último año en activo antes de jubilarme. Por pura lógica organizativa, mi permanencia en 6.º aseguraba cerrar ciclo con mi grupo, mientras que la compañera asignada a sexto —definitiva en el centro y con una excelente experiencia en el primer ciclo— garantizaba esa continuidad tan necesaria para los más pequeños. No se puede jugar a planificar la vida de un colegio ignorando el bienestar de los niños y niñas y primando únicamente el castigo hacia la docente.
- El silencio administrativo: El pasado 2 de septiembre presenté un escrito formal tanto en la sede del centro como a través del registro electrónico de la Consejería de Educación solicitando explicaciones claras y amparo. A fecha de hoy, sigo esperando una respuesta.
Resulta difícil no ver en estos movimientos una penalización hacia trayectorias consolidadas de gestión y compromiso con la escuela pública. Cuando las decisiones organizativas se improvisan a espaldas del profesorado, eluden los cauces formales y sacrifican el criterio pedagógico, lo que verdaderamente se resiente es la convivencia de toda la comunidad escolar.
Seguimos esperando respuestas con la serenidad de quien siempre ha actuado con la verdad por delante.
María Barceló Martínez
